Cableado eléctrico: radiografía estratégica de un sector en transición
El mercado del cable vive un momento de consolidación que marca el paso a una nueva etapa. Tras años de volatilidad, los datos de 2024 dibujan un escenario de crecimiento sostenido, aunque con ritmos dispares según la tipología de producto y la orientación de la demanda.
Un año de ajustes con saldo positivo
El último y más reciente informe de Matelec-IFEMA señala que el conjunto de cables de energía cerró 2024 con un avance del 4,7 %. Los cables industriales, esenciales en infraestructuras y procesos de automatización, registraron un 3,2 % de incremento. Más dinámico resultó el negocio de accesorios de media tensión, con un salto del 8,3 %. La única excepción vino de las telecomunicaciones, donde la caída del consumo y la ralentización de despliegues de fibra lastraron el mercado de cables de datos.
Exportaciones: equilibrio entre retroceso y repunte
La fotografía internacional revela un patrón mixto. Según el mismo informe, los cables de telecomunicaciones redujeron sus ventas al exterior en un 6,7 % durante 2024, mientras que los cables industriales recuperaron terreno con un ligero 1,2 % de crecimiento. Para 2025, la Cámara de Comercio prevé un alza exportadora en torno al 2,8 %, apoyada en la renovación de redes energéticas y en proyectos de electrificación a gran escala.
Tendencias que reconfiguran la industria
Tres vectores marcarán la agenda a medio plazo:
- Eficiencia energética y sostenibilidad, con normativas más estrictas sobre materiales y procesos de producción.
- Electrificación del transporte, que multiplica la demanda de cables de potencia y de soluciones de recarga de alta capacidad.
- Digitalización de redes, que exige cableado de altas prestaciones para comunicaciones críticas y entornos industriales conectados.
De esta manera, se puede deducir que el sector del cableado eléctrico se encamina así a un futuro de moderado optimismo. La combinación de inversión en infraestructura, exportaciones selectivas y nuevas aplicaciones tecnológicas perfila un horizonte en el que la capacidad de adaptación será la clave para sostener el crecimiento y mantener la competitividad global.

