El año 2021 será recordado en los libros de historia como aquel que siguió a la pandemia del COVID-19, un año de recuperación tanto económica como social, en el que empresas y ciudadanos trataron de volver poco a poco a lo que era su vida anterior.

Por desgracia, más allá de las pequeñas oleadas que en algunas ocasiones amenazaron con prolongar aquellas medidas de restricción de la movilidad y la actividad, a lo largo del presente año ha habido dos hechos fundamentales que han trastocado de sobremanera la vuelta a la normalidad de industria y ciudadanos: la escalada de los precios de la luz y la crisis de abastecimientos a nivel mundial.

 

Tras la crisis, una nueva crisis y máximos históricos en el precio de la energía

Con una subida media en torno al 34.9 % con respecto al año pasado, y prácticamente todas las semanas viendo cómo se marcaba un nuevo récord histórico, el precio de la luz se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los hogares españoles, viendo cómo su poder adquisitivo se deterioraba más y más cada semana sin que pudieran hacer nada.

Esta impotencia ha sido igualmente compartida por el sector industrial, quien no solo veía bajar sus ya ajustados márgenes a causa de un mayor coste de la producción tanto por la citada escalada de los precios de la energía eléctrica… sino también de unos combustibles fósiles que resultan igual de indispensables en su cadena productiva y logística.

Precisamente esta cadena logística ha sido el factor más afectado de todo el comercio mundial durante el presente 2021. Tras la apertura de las puertas al comercio marítimo mundial tras el cierre del pasado 2020, diversos factores como un incremento exponencial de la demanda por parte de una sociedad que llevaba un año encerrado, la crisis de las materias primas, las guerras comerciales, la decisión de China por priorizar su demanda interna y el aumento del precio del gas y el gasoil, han provocado un cuello de botella y una crisis de abastecimiento que, de momento, ya ha hecho caer en un 4 % el comercio mundial y está provocando un retraso en las entregas y ejecución de proyectos que amenaza con originar una situación aún más crítica que la de 2020.

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El autoconsumo, el bote salvavidas de la economía industrial y doméstica

En este descorazonador contexto, hay un sector que aparece para arrojar algo de luz, nunca mejor dicho, ante ambas crisis: el autoconsumo.

La capacidad de la autogeneración de energía eléctrica ofrece la posibilidad de ahorrar a los hogares y empresas españoles una importante cantidad de dinero a final de año, no solo por su capacidad de generar energía a un coste mucho más barato que el ofrecido por las grandes compañías eléctricas, sino por la opción de vender el excedente eléctrico que se origine.

Además de crear una tercera sinergia a menudo olvidada cuando se habla de autoconsumo, cuanto más se multipliquen y extiendan este tipo de instalaciones, menor será la dependencia energética exterior del país.

Quizás consciente de esto, el poder legislativo aprobó el pasado mes de junio una partida de 660 millones de euros, ampliables hasta los 1.320, en ayudas para instalaciones de autoconsumo, almacenamiento energético y climatización con energías renovables, se espera que en 2022 se instalen en torno a 3.000 MW nuevos de autoconsumo fotovoltaico, es decir, más de 100.000 instalaciones nuevas.

Con encuestas que hablan de que hasta un 68 % de los españoles se plantea la instalación de algún tipo de instalación de autoconsumo, estas ayudas vendrían a espolear a aquellos que estén más decididos pero se puedan echar atrás a causa del que quizás es el único inconveniente: una inversión inicial que se reduciría en caso de optar a estas ayudas.

Ayudas a las que también optarían las empresas y que, al igual que a los ciudadanos, les ayudarían a reducir su factura energética, pudiendo ampliar un poco más sus maltrechos márgenes, sin olvidarnos del empujón que supondría para todos aquellos sectores y empresas relacionadas con la fabricación, instalación y mantenimiento de centros de producción energética mediante fuentes renovables.

Es decir, 2022 puede ser el año en el que se disparen las cifras de un sector, así como aquellos convergentes con él, que en 2020 ya vivió un crecimiento histórico con cifras cercanas al 19 %, gracias a la instalación de 596 MW de potencia fotovoltaica de autoconsumo.

autoconsumo

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