Existen algunos estudios para interpretar la fluorescencia de la clorofila. Desde hace décadas se estudiaban los métodos para medirla a nivel foliar y subcelular, sin embargo, recientemente ha conseguido visualizarse a escala de ecosistema.

Las clorofilas son un grupo de pigmentos que se encuentran en organismos que poseen cloroplastos (como las plantas y las algas) y en algunos procariotas (bacterias). Durante la fotosíntesis, se emite luz en la zona roja del espectro (600-700 nm). Esta fluorescencia trasmite información sobre el estado de las plantas.

La fluorescencia inducida por el sol (SIF, por sus siglas en inglés), se mide con sensores ópticos hiperespectrales. Los avances en este ámbito de estudio podrían abrir el camino a múltiples aplicaciones científicas y comerciales en el campo de la ecología y de la biogeoquímica, pero sobre todo en el mundo de la agricultura y en la silvicultura de precisión.

El análisis de la clorofila ayuda a elegir los mejores equipos para los cultivos

¿Cómo puede ayudar el estudio de la clorofila a elegir una correcta iluminación para la agricultura? Dado que la fluorescencia aporta información sobre el estado de salud y funcional de las plantas, su medición puede contribuir a determinar si los cultivos están sufriendo daño por el calor. El estrés térmico influye en la calidad de los cultivos, por lo que con una monitorización general se podría alcanzar un punto óptimo de crecimiento y de madurez para su posterior recolección.

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De esta manera, se podrían prever y atender las necesidades reales del cultivo. Con la información obtenida se podrían determinar aspectos como la ubicación óptima para un tipo determinado de cultivo, la necesidad o no de reforzar su cuidado con luces LED, la necesidad de protegerlo de las altas temperaturas con una cubierta en el exterior o con sistemas de ventilación y climatización en interiores; entre otras opciones.

Iluminación óptima en la agricultura, gracias a la clorofila

De la misma manera, este estudio es relevante para los bosques y los jardines. Cada vez es más preocupante el estado del planeta por culpa de las emisiones y desde los gobiernos se ha iniciado una carrera con el objetivo de preservar el medio ambiente y lograr la descarbonización para el 2050. Con este mismo propósito, disponer de zonas verdes sanas es primordial para frenar el cambio climático y lograr un ambiente más saludable.

Por el momento se han establecido las bases del estudio, pero quedan abiertas otras líneas de investigación que, al resolverse, ayudarán a potenciar los beneficios. ¿Existen una relación real entre el estrés térmico y la calidad del cultivo? ¿Influye directamente en el número de hojas y frutos que desarrolla una planta? ¿Afecta por igual a todo tipo de cultivo? ¿Qué otros factores influyen? Una vez más, en la naturaleza está la respuesta.