Durante muchos años los combustibles fósiles han sido la principal fuente utilizada en la generación de energía eléctrica, pero hoy en día las energías renovables se han posicionado como la alternativa más limpia. Por sus condiciones climatológicas, nuestro país puede convertirse en un gran productor de energía solar y eólica. Es sobre esta última, sobre la que nos vamos a detener.

A pesar de tratarse de una energía renovable, también tiene su impacto ambiental, especialmente en la fabricación de los aerogeneradores y en los residuos que se generan tras su desmantelamiento. Los aerogeneradores de primera generación tienen una vida útil media de 20 a 25 años. Con la sustitución de algunos componentes, se pueden alargar hasta los 30 años, pero llegados a ese punto llega el momento de sustituir los aerogeneradores por turbinas más modernas. Actualmente, ya existen vertederos con miles de palas que no se pueden reciclar y la previsión es que las cifras se sigan disparando en los próximos años.

El reto principal

Prácticamente el 90% de los materiales de una turbina eólica son altamente reciclables, pues están fabricadas principalmente de acero y hormigón. Sin embargo, las palas presentan una mayor complejidad al estar fabricadas con fibra de vidrio y otros materiales compuestos.

Cabe destacar que el uso de estos materiales compuestos no es un problema exclusivo de la industria eólica. Otros sectores industriales también los usan. El inconveniente que presentan es que son especialmente difíciles (y caros) de separar para su reciclaje. Y aunque la legislación española los considera como residuos no peligrosos, las palas están, cada vez más, colmando los vertederos.

Se estima que para el año 2030 habrá alrededores de 52.000 toneladas métricas de palas de las que deshacerse anualmente en toda Europa. Es por ello por lo que, antes de que el problema se agrave, conviene tomar medidas y pensar en alternativas para darles a las palas una segunda vida.

El desafío de la industria eólica

La segunda vida de las palas

Aunque las palas no son tóxicas y son seguras para los vertederos, suponen un desperdicio de recursos que es incompatible con el compromiso de la industria eólica con la circularidad. Por ello, surgen varias propuestas para gestionar las palas una vez llegan al fin de su vida útil.

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Una de las primeras opciones es la reutilización. En ocasiones, el desmantelamiento de un aerogenerador está más relacionado con decisiones financieras (el ahorro que supone sustituirlo por uno más grande y moderno) que por haber llegado al final de su vida útil. Siempre que la evolución de la normativa eólica no lo impida, es aconsejable instalarlos en otras áreas dónde puedan cumplir su ciclo vital, o bien aprovechar los componentes como recambios para otros generadores, o incluso su uso en otras aplicaciones, principalmente relacionadas con el sector de la construcción.

Otra opción es el reciclaje. Al tratarse de materiales compuestos, todos los procedimientos pasan por separar los materiales para poder reciclarlos posteriormente. Esto puede hacerse por procesos mecánicos, térmicos o químicos. Como ya hemos visto, el principal problema del reciclaje es la dificultad y el coste de estos procesos, pues inicialmente las palas de los aerogeneradores estaban pensadas para ser duraderas, no reciclables. Pero hay empresas, como Siemens Gamesa, que están trabajando en palas totalmente reciclables, usando resinas cuya estructura química es mucho más fácil de separar del resto de componentes al final de la vida útil de la pala.

Como último recurso quedaría la opción del almacenamiento en vertederos. Es la alternativa menos aconsejable y, de hecho, algunos países como Alemania, Países Bajos, Austria y Finlandia han prohibido que los materiales compuestos se depositen en vertederos o se incineren.

En definitiva, la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables está presentando nuevos retos en los que trabajar. En el caso de las palas de los aerogeneradores, ya se están implementando mejoras en los procesos de fabricación, pero también resultará necesario despertar el interés comercial para que el negocio de su reciclado sea rentable. De esta manera, estaremos más cerca del objetivo de la circularidad total.