Las fuentes renovables no producen energía de manera constante, solo con encender o apagar un botón. Es más, sus ciclos máximos de producción en muchas ocasiones ni siquiera coinciden con aquellos momentos en los que los usuarios demandamos una mayor cantidad de energía.

Es por esta razón que, como ya hemos comentado varias veces en las páginas de #iE, el principal obstáculo que nos separa de un mundo en el que toda la energía que consumimos en el mundo provenga de fuente renovables es la capacidad de almacenamiento de la misma.

La única solución a día de hoy para solventar la naturaleza aleatoria e intermitente de las energías renovables es imperativo aprende a almacenar la electricidad sobrante durante los momentos de máxima generación para crear una red más flexible y fiable.

Por desgracia, aun en 2020 las tecnologías de almacenamiento de energía conocidas y desarrolladas hasta ahora no satisfacen el complejo conjunto de requisitos tecnológicos, medioambientales y económicos establecidos por los sectores de las energías renovables.

 

El proyecto VR-ENERGY

Conocedora de esta problemática, hace tiempo que la Unión Europea decidió ser una de las instituciones punteras en la investigación de nuevos modelos de almacenamiento energético. No solo para el mundo de las renovables, sino que es su principal baza en el mercado del coche eléctrico y autónomo.

El último y más prometedor paso en esta dirección es la actualización de la tecnología de baterías de flujo redox de vanadio.

Esta tipo de almacenamiento, flexible y modular, es capaz de conservar más de un 80 % de su eficiencia, incluso a baja carga, y mantiene el 100 % de su capacidad original tras un número infinito de ciclos de carga. Otras ventajas son su adaptabilidad, capad de acomodarse con precisión a la potencia y energía de cualquier instalación de energía renovable, así como su poco mantenimiento.

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¿Cómo funciona la batería de flujo de bajo coste?

En la base, esta batería almacena el ectrolíto en dos depósitos independientes conectados a un reactor en el que se pueden intercambiar los electrones. Los electrodos de las celdas controlan la tensión, mientras que la capacidad total de la batería queda determinada por el tamaño de los depósitos. Si se añaden más celdas electroquímicas y se aumenta la cantidad de solución electrolítica, se puede aumentar la potencia y la capacidad de almacenamiento, respectivamente, de la batería de flujo redox de vanadio.

El diseño de «celda individual» de este batería hace que en celda funciona de forma independiente a las demás; monotorizando y controlando electrónicamente los parámetros individuales de cada celda (tensión, flujo del electrolito, estado de carga y distribución de corriente en la celda).

En conjunto, este sistema proporciona una serie de ventajas como la personalización completa del sistema, alta eficiencia, larga duración, un funcionamiento seguro y compatibilidad total con fuentes de energía renovable.

El coste bajo podría acelerar la comercialización

Por desgracia, desarrollar la tecnología no es suficiente, sino que hay que hacer que esta sea tan competitiva como la que hace posible la obtención de energía por vías más tradicionales, como los combustibles fósiles. En esta línea, se estima que para lograr que la comercialización del almacenamiento de energía a gran escala tenga éxito es necesario que los precios bajen desde los 500-1200 euros por kWh actuales a menos de 100 por kWh en los próximos 5 años.

La batería de flujo de bajo coste que nos acerca a un mundo renovable

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