La Cuarta Revolución Industrial lleva años en marcha y con ella la implementación de un montón de soluciones que comparten un factor en común: la utilización de sensores que permiten recopilar información sobre el proceso productivo, con el objetivo de mejorarlo, aumentar su productividad y predecir errores futuros.

En total, las estimaciones hablan de unos 55,9 billones de dispositivos conectados alrededor del mundo para el año 2025, estando el 75% de ellos conectados a alguna plataforma IoT (Internet de las cosas). A su vez, los datos generados por estos dispositivos habrán generado en torno a los 79,4 zetabytes de información para las mismas fechas.

Almacenar estos datos y analizarlos para obtener información de calidad en tiempo real es algo fundamental para que las compañías puedan mejorar sus procesos productivos y aumentar su competitividad. En palabras de Abhishek Mukherjee, analista senior del mercado de telecomunicaciones e IoT en IDC Asia Pacífico, “si bien IoT se está convirtiendo en un buen recurso en varias áreas de aplicación, la administración y el archivo de los datos generados desde los dispositivos conectados es un factor crítico de éxito para las industrias”.

Aunque las aplicaciones industriales seguirán incrementando su capacidad durante los próximos años, la respuesta ante esta avalancha de datos ha de ser mucho más contundente que la que se está dando hasta el momento. Las empresas necesitan no solo establecer planes a largo plazo para aumentar su capacidad tanto en centros de datos propios como en la nube, sino que también tienen que desarrollar estrategias de almacenamiento que les permitan conservar de manera segura lo que pronto se convertirán, si no lo es ya, en uno de sus principales activos.

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En estos planes se ha de tener en cuenta las necesidades específicas que el IoT haya y/o esté generando en la empresa, eligiendo las soluciones que mejor se adapten a las mismas y no aquellas que simplemente ofrezcan unos mejores números per se. Para ello hay que valorar cosas como el área de aplicación de la plataforma IoT, el tipo de datos que genera, la frecuencia con la que accedemos a ellos y los casos a los que se aplicarán, así como las necesidades de redundancia del almacenamiento.

Por último, no hay que olvidar otros factores como unas políticas de gobernanza de datos adecuadas, la gestión de riesgos y el cumplimiento normativo.

Los datos tienen un grandísimo valor pero nadie quiere morir aplastado por su peso.
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