Aunque las consecuencias del COVID 19 han sido devastadoras para la sociedad, lo cierto es que a niveles medioambientales al planeta tierra le ha venido bien. Poniéndolo todo en contexto, en aquellas regiones donde se llevó a cabo un confinamiento de la población hubo una disminución en torno al 50-75% en la actividad de transporte por carretera y hasta el 95% en la congestión del tráfico en las horas punta en las principales ciudades.

El problema en este aspecto es que una vez finalizada la cuarentena los niveles de tráfico han vuelto a subir. Es por ello que para aprovechar la bajada de contaminación conseguida, la electrificación de todo transporte (mar y tierra, tanto privado como público) es vital. 

 

La electrificación del transporte

Desde 1970 hemos visto como las emisiones del transporte se han duplicado y actualmente representan más del 24% de las emisiones mundiales de CO2 y alrededor del 30% de la demanda mundial de energía final. Más concretamente, en la Unión Europea el transporte por carretera es responsable de alrededor del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Siendo conscientes de semejantes números, el escenario ideal (y único) que se deberían plantear los gobiernos es que, junto a la recuperación de las economías, se deberían cambiar los datos de contaminación mediante el transporte. Los recursos ya están disponibles: la tecnología para la electrificación completa de los automóviles, autobuses y camiones, así como la de los barcos que navegan en las ciudades, los de trabajo y los transbordadores, ya existe. Además, los grandes buques como los cruceros ya pueden ser alimentados con energía sostenible a través de la oferta en tierra mientras están atracados.

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Teniendo todas estas posibilidades en cuenta, un estudio de Navigant muestra que si todas las zonas urbanas de Europa, China y los EEUU electrificarán su transporte privado y público, podrían cerrar el 28% de la brecha de reducción de emisiones que se necesita entre las emisiones totales actuales y un escenario de 1,5°C.

Como plus, tampoco debemos pasar por alto que la electrificación de los vehículos conllevaría una gran creación de empleo.

 

Electrificar el transporte por agua

Tanto en términos de buques eléctricos como de suministro en tierra existe un potencial para electrificar el transporte por agua. El suministro en tierra proporciona a los buques energía eléctrica de la red terrestre -mientras están en el puerto- para cargar las baterías de los buques totalmente eléctricos e híbridos. También suministra electricidad de las redes locales a los buques que funcionan con combustibles fósiles, en lugar de utilizar los generadores de diesel a bordo para alimentar todo, desde las máquinas de café del buque hasta las luces. El uso del suministro en tierra significa que no se consume diesel mientras se está en el muelle, lo que a su vez significa una contaminación atmosférica y acústica significativamente menor. Como los puertos suelen estar situados cerca de entornos urbanos, esto tiene un impacto significativamente positivo en los residentes locales.

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