Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, el sector de la iluminación ha vivido la mayor revolución desde que Thomas Alba Edison patentase la primera lámpara eléctrica. La aparición del LED transformó el mercado desde los cimientos hasta el punto más alto de su tejado.

Si hace una década toda conversación giraba en torno a esta tecnología, es justo reconocer que de unos años a esta parte es el concepto «conectado» quien ha tomado la palabra para no soltarla. «Iluminación conectada», «red de iluminación», «inteligencia de las cosas», «control de la iluminación» y «iluminación inteligente» son el quinteto titular de todas las empresas del sector.

Por desgracia, durante todo este tiempo hay un jugador que se ha quedado de manera consistente en el banquillo cuando su nombre debería ser uno de los primeros en ser mencionados en esta conversación: la ciberseguridad.

Las empresas han llegado a desarrollar una versión inteligente y conectada de casi cualquier producto de su catálogo, amén de desarrollar algunos nuevos que antes eran simplemente inimaginables desde el punto tecnológico. El problema es que lo han hecho mientras no querían mirar de frente a una realidad que nació el mismo día que dos ordenadores se conectaron por primera vez: cuántos más dispositivos estén conectados entre sí, mayor es su exposición a sufrir ataques.

De hecho, según un estudio de McAffe, compañía de software especializada en seguridad informática, el 70 % de los dispositivos inteligentes diseñados presentan falencias en materias de seguridad.

 

Un problema estructural que requiere soluciones del mismo tipo

De la misma manera que es mucho más costoso y difícil montar la instalación eléctrica de un edificio una vez se ha erigido este, proteger una red de dispositivos inteligentes a posteriori es casi imposible si no se han dado pasos en esa dirección desde el inicio de su desarrollo.

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La mayoría de los fabricantes se escudan en la encriptación AES de 128-bits a la hora de demostrar la seguridad de su producto, pero la encriptación es solo un ladrillo en lo que debe ser una estrategia de ciberseguridad mucho más amplia. Ni siquiera debería servir para cumplir los niveles de seguridad más bajos de cualquier departamento de TI.

 

¿Cómo debemos proceder a la hora de proteger nuestra iluminación?

El primer paso a la hora de instalar una red de iluminación conectada es asumir los cuatro siguientes preceptos:

  1. Todo dispositivo de control de la iluminación será eventualmente conectado a alguna red y/o internet.
  2. Toda red de control de iluminación que se instale en una empresa y no cumpla un nivel adecuado de seguridad supondrá un riesgo no solo para ella misma sino para toda la compañía, poniendo en peligro los activos y recursos de la misma.
  3. No todos los fabricantes otorgan la misma importancia a la ciberseguridad de sus productos.
  4. Teniendo en cuenta esto, si se quiere tener una red de iluminación conectada segura, se ha de elegir siempre el fabricante que más importancia otorgue a este apartado.

El segundo, a su vez último y más importante, es solo implementar un sistema de iluminación conectado si este tiene una estrategia de seguridad presente desde el primer paso de su desarrollo.

La ciberseguridad es el siguiente reto de la iluminación

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