La crisis sanitaria originada por la enfermedad COVID-19 ha puesto al mundo en una tesitura sin precedentes en más de un siglo. Medidas como el confinamiento  de la población han sido implementadas por primera vez en la historia para prevenir la propagación de la pandemia y todos hemos vivido situaciones que no habríamos imaginado ni en nuestros supuestos más distópicos.

Por desgracia, estas medidas no solo traían consigo la solución a un problema, sino que como un arma de doble filo han sumergido a todos aquellos países afectados en una crisis económica y de empleo como no se había vivido desde el crack de la bolsa en 1929 – en algunos países como EEUU, las cifras de personas desempleadas han incluso superado las de aquella época.

Ante esta situación lo único que podemos hacer como personas, trabajadores, empresas y sociedades es buscar soluciones que no solo nos devuelvan a una situación similar a la anterior sino que sienten las bases para una mejor; aprovechando lo excepcional de este año para corregir alguna de las tendencias defectuosas que estábamos siendo incapaces de revertir en aras del crecimiento económico.

La idea de una recuperación verde es de las que más se están discutiendo e impulsando tanto desde distintas bases de la sociedad como instituciones. El objetivo es crear sistemas más resistentes, duraderos, modernos y sostenibles que los que teníamos en el mundo pre-COVID19.

En esta línea están orientadas las propuestas de la Comisión de Transiciones Energéticas, que van desde fomentar la inversión en energías renovables porque “la electrificación es el sector de mayor oportunidad de inversión de la próxima década” a incentivar actividades innovadoreas con baja emisión de carbono; pasando por fortalecer el tejido económico de aquellos países que en un futuro próximo puedan verse afectados por una crisis climática.

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Estas propuestas vienen a completar planes como el European Green Deal o el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima español con medidas y plazos durante las próximas décadas siempre con el objetivo de reducir emisiones, aumentar la sostenibilidad, la salud de la población y generar empleo más estable, cualificado y mejor remunerado.

Un mundo mejor es posible y desde instituciones como la Universidad Tecnológica de Lappeenranta (Finlandia) son optimistas, afirmando que es posible «lograr que el 100% del sistema energético provenga de renovables en el viejo continente».

 

Economía verde, rentable y generadora de riqueza

Según los datos aportados por la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), cada euro invertido en renovables en la Unión Europea contribuye a incrementar en 0,8 euros el PIB; lo que demuestra la competitividad, solvencia y generación de riqueza del sector.

 

Empleo estable y bien remunerado

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) eleva hasta los 60 millones los empleos que la economía verde podría llegar a generar de invertir en ella durante los próximos años, multiplicando por cuatro los actuales de cara a 2050.

Solo en España, el sector eólico ya emplea a 25.000 personas por 60.000 del fotovoltaico y 40.000 las redes eléctricas.

 

Efecto transversal en sectores claves

En #iE ya hemos hablado del efecto contagio que tendría en muchos sectores claves la inversión en actualizar las redes eléctricas. Movilidad, residencial e industrial son sectores que se verían inmediata y positivamente afectados por un aumento y mejora de la red eléctrica, y todos ellos son sectores estratégicos en cualquier país.

Energías renovables para la reactivación económica tras la COVID-19

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