Dentro de muchos años recordaremos esta semana de 2020 como aquella en la que el Coronavirus, COVID2019, golpeó la conciencia no solo de los españoles sino de occidente en general.

Si bien es cierto que la amenaza se conocía desde hace meses, gracias a las informaciones vertidas tanto por las autoridades chinas como por la comunidad científica, no fue hasta hace dos semanas cuando la sociedad occidental pareció entender la gravedad del problema.

Tras golpear con gran virulencia, nunca mejor dicho, la región Italiana, el escepticismo  causado quizás por el poco alcance de los últimos virus con potencial pandémico (gripes aviar y porcina) hizo que el resto de sus homólogos europeos fuesen adoptando medidas de precaución de manera gradual; intentando mantener la mayor normalidad posible – en aras de evitar un pánico generalizado y, sobre todo, frenar el golpe económico que sin duda iba a propinar la paralización de un país, China, que actualmente fabrica el 30 % de los productos de consumo en todo el mundo.

Esta estrategia, lógica en su día, se vino abajo en el momento que las curvas del índice de contagios no paraban de subir en todos los países afectados, lo que llevó a la OMS (Organización Mundial de la Salud) a declarar el COVID 2019 como una pandemia. Esto hizo que los países afectado comenzasen a adoptar políticas de contención mucho más agresivas, por un lado, mientras que por el otro propició un lunes negro en todos los mercados financieros del mundo – solo el IBEX cayó un 8 %.

Como las desgracias nunca vienen solas, la nueva política económica de Arabia Saudi hizo que el barril de petróleo alcanzase valores nunca vistos desde el año 1991 (por debajo de los 31 dólares) y afectase a sectores que en teoría no deberían verse tan afectados por la crisis sanitaria actual.

Esta tormenta perfecta tiene además unos componentes que atacan las vulnerabilidades específicas de la economía española, muy dependiente del sector turismo y automovilístico. Con una sociedad que por fin parecía darse cuenta de la gravedad de la situación (lo que nos ha dejado imágenes que navegan entre la filmografía de  George A. Romero y la de Luis García Berlanga) y a la que se le está pidiendo que realice el menor número de desplazamientos posibles, y la gran fábrica China parada, ambos sectores se encuentran en el ojo del huracán.

 

¿Qué pueden hacer las empresas para navegar el temporal?

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A la espera de soluciones macroeconómicas como las que ya han anunciando los gobiernos norteamericano y francés, a nivel microeconómico (empresa) hemos tratado de recopilar una serie de acciones que nos permitirán aportar nuestro pequeño granito de arena a la principal batalla que se está presentando al Coronavirus, el índice de contagios.

Cuanto menos tiempo esté propagándose el virus, menor será el impacto en la economía, por lo que reducir el número de contagios (con las tasas actuales del 40 % se duplican los casos cada dos días), debe ser nuestra principal misión como empresas o individuos pertenecientes a esta sociedad. Para ello, hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos por evitar este tipo de situaciones.

 

  • Informar con seriedad pero sin caer en alarmismos

La LPRL es meridianamente clara a la hora de expresar la obligación de la empresa a la hora de velar por la salud de las personas trabajadoras y adoptar todas las medidas que resulten necesarias para preservar la salud de éstas. Los servicios de prevención de las empresas están obligados a «proporcionar a la empresa el asesoramiento y apoyo que precise en función de los tipos de riesgo«.

  • Evitar todos los desplazamientos y reuniones que se puedan

Más allá de lo obvio que es cancelar los viajes de trabajo a aquellas zonas de riesgo en las que se haya decretado el aislamiento y restringir al máximo los viajes a zonas en las que se hayan detectado un amplio número de contagios, también hay que tratar de evitar todas aquellas actividades que requieran que un gran número de personas trabajadoras permanecen de forma continuada en el mismo espacio.

  • Implantar el teletrabajo

En caso de que se dispusieran de los medios tecnológicos adecuados, y nuestra actividad económica lo permitiese, el teletrabajo es una medida preventiva recomendada por el Ministerio de Trabajo. Se trataría de una medida de carácter excepcional y temporal adoptada por acuerdo colectivo o individual.

  • Suspender la actividad de la empresa en caso necesario

La LPRL también contempla la posibilidad de paralizar la actividad laboral si existiera un riesgo grave e inminente para la salud de los trabajadores, como es el posible contagio entre la plantilla.

La decisión de paralización de la actividad la puede adoptar directamente la empresa, los órganos de seguridad y salud o incluso la propia persona trabajadora que puede decidir abandonar la actividad si se produce tal riesgo.

Coronavirus y empresas, cómo está afectando y qué medidas pueden tomar

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