Amazon cerró el año 2018 con una facturación de 702,000 millones de dólares y una cuota de mercado del 44 % del e-commerce mundial. Desde que arrancase como una tienda online de libros, al gigante del retail que es ahora, han pasado apenas 25 años en los que la compañía de Jeff Brezos no solo ha revolucionado su sector sino el de la logística.

Método tradicional

Hasta la irrupción de Amazon, el sector del retail llevaba sin apenas variaciones desde su explosión en la década de los 50´s. Este sistema consistía en que los vendedores hacen el pedido a los proveedores y estos se encargan de realizar el envío, servicio que casi siempre realizaba una tercera empresa.

Esta empresa encargada de la logística envía los productos en contenedores a los centros de distribución de los retailers, quienes los empaquetaban y enviaban a sus tiendas, donde son los empleados quienes los almacenan y/o distribuyen por las estanterías.

Por último, los retailers tenían que encargarse de la última parte del proceso logístico: las devoluciones, para lo que confiaban de nuevo en las mismas compañías externas.

Durante todo el proceso, tanto los vendedores como los retailers, tienen los productos almacenados por categorías y hacen planes trimestrales para ajustare a las demandas de los clientes.

 

Modelo Amazon

La aventura de Jeff Brezos arrancó en 1994 con dos almacenes, llamados fullfillment centers, en Seattle y Delaware. Al principio, la compañía funcionaba como cualquier otro retailer, recibiendo, empaquetando pesando y enviando manualmente los pedidos a través de otras compañías – generalmente UPS; y esta sería sus estructura hasta que abriese otros cinco en Estados Unidos, dos en Alemania y uno en Reino Unido.

Todo cambiaría tras las navidades del año 2013, cuando los pedidos de última hora desbordaron a UPS, la empresa en quien delegaba Amazon toda su logística, y esta tuvo que afrontar gastos millonarios a causa de las devoluciones y quejas.

El resultado sería la creación de un proyecto llamado “Global Supply Chain by Amazon“, que convertiría a Amazon en un proveedor logístico a nivel mundial y dejaría de confiar esta parte de su cadena de negocio en empresas ajenas.

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En 2015, la compañía empezaría a componer su flota de camiones, comprando hasta 40 aviones de carga en 2017 y sumando más de 300 almacenes solo en Estados Unidos. El coste de lo que Amazon gastaba en envíos pasó de los 4 billones de dólares en 2011 a 21,7 en 2017.

A cambio, Amazon lograba controlar toda la cadena de suministro, llevando el producto desde el vendedor a sus propios almacenes y posteriormente entregando este al cliente. Para ello, tienen distintos tipos de almacenes: inbound centers, donde reciben los grandes pedidos marítimos; fullfillment centers, donde todos los productos son pesados, listados, empaquetados y enviados; y los centros de última milla, dentro de las ciudades, para envíos rápidos de corta distancia.

La principal diferencia entre Amazon y su competencia, más allá de que controlan todo el proceso logístico de su cadena de suministros, no radica en estos diferenciados tipos de almacenes, sino en la manera que tienen de agrupar la mercancía y en la inversión en tecnología.

Como habíamos dicho antes, el modelo tradicional agrupa los productos según su categoría (papelería, electrónica, etc.) mientras que Amazon lo hace en función del tamaño del producto, con el objetivo de maximizar su capacidad de almacenaje.

La manera que tiene la compañía de controlar este aparente caos es Amazon Robotics, anteriormente conocido como Kyva Systems, un sistema combinado de software y robots autónomos con capacidad de reconocimiento de objetos, sentido de profundidad y un ñargo etcétera de características que les permiten coger un producto de un pedido, reconocer donde está el más cercano de entre los que hay en la lista y completar el mismo de la manera más rápida y eficiente posible.

Cómo Amazón revolucionó el sector logístico

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