Durante el mes de septiembre del pasado año 2018, Europa procedió a eliminar los habituales cambio de hora que realizábamos dos veces al año con el objetivo de ahorrar energía. Así, a las tres de la mañana del último domingo de Octubre se retrasaban los relojes una hora de acuerdo a la Directiva Comunitaria de Cambio de Hora que ha sido derrogado. Dicho cambio era obligatorio y, como ha recordado un año más el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, la legislación europea no contemplaba la posibilidad de que un país decida no adoptar la medida.

Durante los últimos años se ha discutido, cada vez una intensidad mayor, los beneficios de dicho cambio, especialmente en España – cuya posición geográfica y extensión marcan un huso horario distinto al dictado por motivaciones políticos. Entonces, ¿quién están en lo cierto: los que afirman que se ahorra con el cambio o los que lo discuten?

La verdad, como casi siempre, es que ambos tienen cierta cuota de razón. Según las estimaciones del IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía) el ahorro en iluminación en toda Europa podría alcanzar los 300 millones de euros, teniendo el 5 % de todo ese ahorro (unos 90 millones de euros) origen español.

El problema reside en que sí, este ahorro es real, pero se centra principalmente en industrias y negocios, siendo mucho más complicado concluir que sea cierto en comercios y hogares.

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Anocheciendo a partir de las 6 de la tarde en España, el gasto de iluminación en los hogares aumenta de manera proporcional al mayor número de horas que necesitamos las luces encendidas. Por su parte, en los comercios, el hecho de adelantar cada año más la temporada de Navidad – y con ella el gasto en iluminación – hace que el gasto energético sea también mayor.

Conscientes de esta dicotomía, que hace a empresas e industrias ahorrar en iluminación a costa de que el consumo en el hogar sea más caro, en los últimos años la Comisión Europea trató de vender el impacto de esta medida como algo que iba más allá de un mero ahorro energético.

Según sus propios estudios, el cambio de hora favorece otros sectores como transporte, comunicaciones, seguridad vial, condiciones en el entorno laboral e, incluso, la salud.

Este cambio se empezó a extender en 1974 tras la crisis del petróleo inciada el año anterior a causa de la guerra que enfrentó a Israel con Siria y Egipto, pero no se aplicó como una Directiva hasta el año 1981. Desde esa fecha ha sido renovada con una periodicidad de cuatro años y tiene un carácter indefinido, aunque desde el Real Decreto 236/2002 está incorporada al ordenamiento jurídico español.

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