¿Cambiaríamos de coche por otro mejor y más eficiente, sin coste adicional?

La respuesta, por simple, parece obvia. Traslademos la cuestión al ámbito empresarial, y pensemos en los equipos que consumen energía. En los básicos: climatización y luminaria. ¿Cambiaría una empresa esos equipos por otros mejores y más eficientes, sin coste adicional?

La contestación parece igualmente evidente, y se encuentra implícita en la siguiente afirmación: la financiación de proyectos de eficiencia energética adecuadamente estructurados permite a las empresas financiar su coste con los ahorros generados por las propias medidas de eficiencia, evitando desembolsos que comprometan su capex.

¿Por qué entonces la inmensa mayoría de las empresas no contesta afirmativamente a una pregunta cuya respuesta parece obvia?

Entre otras, cabría destacar tres razones por las que, partiendo de un esquema de financiación como el expuesto (i.e. el coste de los nuevos equipos no incrementa el coste energético de la empresa durante el proyecto), el mercado de la eficiencia energética no acaba de alcanzar el desarrollo esperado: (i) la carencia de equipos internos expertos en eficiencia; (ii) la insuficiente concienciación sobre la importancia del ahorro y la eficiencia; y (iii) la falta de difusión de los casos de éxito (benchmarking).

Estas razones explicarían el hecho de que en España, a diferencia de lo que ocurre en otros países de la UE o Estados Unidos, el volumen de proyectos actualmente en desarrollo es todavía muy reducido en comparación con el creciente número de actores involucrados en el mercado de eficiencia (empresas de servicios energéticos, instaladoras, de mantenimiento, ingenierías, consultoras energéticas, financiadores, inversores).

Y todo ello teniendo en cuenta además la necesidad (interiorizada por la inmensa mayoría de la sociedad) de alcanzar los objetivos europeos en materia de eficiencia, plasmados en la Directiva 2012/27 de la UE, a fin de asegurar la consecución del objetivo principal de eficiencia energética de la Unión de un 20 % de ahorro energético para 2020.

No parece fácil que las barreras anteriormente mencionadas puedan ser derribadas desde dentro de las empresas. Por ello se hace cada día más evidente la necesidad de que entre los actores involucrados en el mercado de la eficiencia se adopte, con premura y sin ambages, la decisión de quiénes deben desempeñar el papel de intermediarios fundamentales entre las empresas consumidoras de energía y los proyectos de eficiencia a adoptar por las mismas, formando a las empresas y asesorando en la implementación de actuaciones de eficiencia. Y, por supuesto, facilitando además la participación de inversores que aporten el capital necesario para acometer las inversiones que requieren este tipo de proyectos.

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Pensemos primero por tanto en publicitar el benchmarking, divulgando didácticamente las medidas de eficiencia implantadas con éxito en los últimos años. Centrándonos en el sector de la edificación (dejamos aparte el industrial), y considerando únicamente medidas con el adecuado grado de madurez, cabría mencionar ejemplos como: lámparas LED (con ahorros de hasta el 80%), cerramientos (con un 25% de ahorro indirecto en Heating, Ventilating and Air Conditioning o HVAC) y sistemas de monitorización y regulación aplicados a HVAC (con ahorros de hasta el 20%).

A lo largo de mi experiencia profesional en el ámbito del asesoramiento y la negociación contractual de financiaciones de distintos tipos, no creo haber tropezado con un ámbito en el que la decisión del “financiado” para acometer este tipo de proyectos se me antojara tan evidente, por beneficiosa.

Y no se trata tan solo de que las empresas se beneficien de la posibilidad de reducir su factura energética de un modo drástico y estable (una vez haya transcurrido el periodo de la financiación), ni de que además esto lo puedan hacer sin comprometer su capex ni su capacidad de endeudamiento.

Se trata, también, y sobre todo, de que las empresas, con independencia de su tamaño y del alcance de su impacto en la sociedad y el medio ambiente, empiecen a ser de verdad conscientes de que deben preocuparse de su responsabilidad en materia de sostenibilidad. Y actualmente nadie pone en duda que la responsabilidad social corporativa (RSC) en materia de sostenibilidad es un concepto indisolublemente ligado a la reputación o valor intangible de las empresas, y a su imagen pública en el mercado.

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