El pasado 2017 ya comentábamos en las páginas de este periódico cómo Europa había decidido subirse al tren de la movilidad sostenible en la parada de las baterías eléctricas.

Según un informe desarrollado por la empresa consultora McKinsey, la producción en Europa, Oriente Medio y África (EMEA) creció un 6 % durante el pasado año en comparación con el ejercicio inmediatamente anterior.

Así, durante el pasado 2018, en los países europeos ya se produjeron cerca de 12 GWh de baterías de ion-litio. A día de hoy estas cifras parecen solo el principio de un camino mucho más largo y ambicioso.

De cara al año 2026, se espera que EMEA sea responsable de 228 de los 679 GWh de baterías que se producirán en el mundo durante ese año. De esta manera, serán el segundo mayor fabricante de este tipo de productos solo por detrás de la zona Asia-Pacífico (345 GWh) y por delante de América (33 GWh).

Dados los datos anteriores, para estar a la altura de estos datos, el crecimiento durante los próximos años debe ser extraordinario, en torno al 72 % anual… y parece posible.

Clara apuesta europea por las baterías eléctricas

Este análisis no está solo basado en los ambiciosos planes en torno a los vehículos eléctricos de los fabricantes europeos de automóviles sino, sobre todo, a la ya mencionadas agendas políticas de los distintos países que forman la Unión Europea.

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Sirvan de ejemplo dos de sus estados más grandes económica, demográfica e industrialmente hablando, Alemania y Francia. Ambos países han anunciado sus planes de invertir 1.000 y 700 millones de euros, respectivamente, en el desarrollo de gigafactorías.

Las palabras de Maroš ŠefčovičVicepresidente de la Comisión Europea, en octubre de 2017 dejaban meridianamente claro cuál iba a ser la dirección a seguir por Europa: “La carencia de una base de producción doméstica de baterías pone en una posición de peligro peligro a los  fabricantes europeos, debido a la falta de seguridad de la cadena de suministro, el aumento de los costes a causa del transporte, los retrasos, el control de calidad más débil o las limitaciones en el diseño. Por lo tanto, debemos actuar con rapidez, y de forma colectiva, para superar esta desventaja competitiva y capitalizar nuestro liderazgo en muchos sectores de la cadena de valor de la batería. Desde los materiales hasta la integración del sistema y el reciclaje. Debido al nivel y la urgencia de la inversión necesaria, esto no se puede hacer de manera fragmentada. Necesita un enfoque a escala europea “.

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