El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado el Plan Clima 2018-2030, consistente en un programa de acciones transversales que, desde ahora y hasta el 2030, tratará de reducir en un 45% las emisiones de gases de efecto invernadero en la ciudad, comprometiéndose además a que el incremento de la temperatura media no supere 1,5 ºC a finales del siglo XXI.

Consciente del importante papel que han de desempeñar las grandes ciudades a la hora de mitigar los efectos del cambio climático en el mundo, este Ayuntamiento ha estado muy activo a la hora de elaborar un programa estratégico con 242 medidas que encaran de forma directa esos efectos, girando su contenido en torno a cuatro ejes concretos: mitigar los efectos del cambio climático, adaptar la ciudad a las consecuencias de la problemática, priorizar a los colectivos más vulnerables e implicar la ciudadanía en esta lucha.

De entrada, los principales objetivos del Plan Clima para Barcelona son reducir tanto las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45%, como incrementar el espacio verde en 1,6 metros cuadrado por habitante y el arbolado, además de reducir el consumo de agua doméstica a 100 l/día, llegar al 60% de recogida selectiva de residuos, multiplicar por cinco la generación de energía solar en la ciudad y alcanzar una pobreza energética cero.

Para extender la cultura climática a todos los barrios, el Ayuntamiento contará con una partida de 1,2 millones, destinada a proyectos colaborativos impulsados por la ciudadanía que promuevan la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, disponiendo cada distrito de un equipamiento cultural sobre sostenibilidad. Además, y con la finalidad de erradicar la pobreza energética, se ha previsto un refuerzo de los servicios y los equipamientos, adaptándose las viviendas de las personas más vulnerables para hacer frente al cambio climático.

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Transición hacia a una energía verde

También este plan da continuidad a las políticas municipales vinculadas con la producción de energía renovable y local, como el desarrollo del operador energético municipal y la promoción de la autogeneración de energía solar en los bloques de viviendas con la voluntad de disponer de edificios de consumo prácticamente nulo. Además, continúa la apuesta para la banca ética y para dar impulso a programas de investigación sobre el cambio climático.

El plan no se olvida de las medidas encaminadas a aumentar el reciclaje selectivo hasta el 60%, recuperar el control de la gestión pública del agua y la reutilización del agua freática, además de seguir desplegando bonos sostenibles para atraer capital nacional e internacional que promuevan proyectos verdes. En términos de movilidad se potencia el transporte público en Barcelona para reducir en un 20% el transporte privado.

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