Desde hace dos años es imposible pasar un día sin oír hablar de criptomomendas. Desde la aparición del Bitcoin en 2009 y, sobre todo, desde su boom hace un par de años, es cada vez más normal encontrar a personas en nuestro entorno que o bien están pensando invertir en alguna de estas monedas o están “bajando a la mina” para “fabricarlas”.

La denominada “minería de criptomonedas” es un proceso que consiste en validar transacciones en una red p2p a través de la resolución de problemas matemáticos complejos a cambio de obtener criptomonedas como recompensa. Para resolver estos problemas se necesita de un sistema informático muy potente y que tenga la capacidad suficiente para realizar un elevado número de operaciones por segundo, ya que en este trabajo de minería el primer ordenador que da con la solución al problema es el que se lleva la recompensa.

Además de estos ordenadores dedicados a la minería también se necesitan otros equipos que revisen todas las transacciones anteriores para garantizar que no hay duplicados. Así, para conseguir una sola unidad de cualquiera de estas monedas se necesita una ingente cantidad de electricidad. Un consumo energético que no hace sino crecer de manera exponencial y sin final.

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Esto está comenzando a causar problemas en las ciudades y países donde más mineros hay actualmente trabajando en este campo – España, por el elevado precio de la electricidad, no es uno de ellos. En el caso de ciudades como Nueva York y Plattsburgh las autoridades competentes están tomando medidas para controlar un mercado que ya está afectando al suministro eléctrico de las mismas.

Mientras en la segunda se ha establecido una prohibición temporal de 18 meses, en la primera se ha dictaminado que las compañías eléctricas puedan cobrar a estos mineros unas tarifas eléctricas más altas. Hasta ahora se estaban aprovechando del tipo de suministro eléctrico más barato pese a que solo ellos – en palabras de Bill de Blasio, alcalde de New York – usan el 10 % del suministro eléctrico fijo.

Con este nuevo tipo de tarifa se quiere hacer que aquellos que más electricidad consumen paguen un mayor precio por la misma; ya que un minero de criptomonedas usa miles de veces más electricidad que cualquier consumidor promedio. Las cifras que se han establecido por el momento, fijan estos consumos de alta densidad en un máximo de 300 kWh o de más de 2,500 kWh por año y metro cuadrado.

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