El paso de las hojas del calendario supone una evolución constante. Con cada día que dejamos a la espalda aprendemos algo nuevo; está dentro de la naturaleza del ser humano. Algunas de estas lecciones pueden parecer insignificantes a corto plazo, pero siempre son importantes, y más cuando todas estas enseñanzas se complementan en una misma dirección. La percepción previa cambia y hace que lo fijo pueda, y en muchos casos deba, ser replanteado. El sector energético sabe de su necesidad por reinventarse.

Nuestra concepción del mundo ha virado drásticamente a lo largo de los años, lo que ha provocado que en muchos ámbitos se hayan que tenido que tomar decisiones con vistas a la nueva realidad que ahora conocemos. El momento para dar un paso adelante ya ha llegado, y aunque todavía no se haya apretado el botón para accionar el abrazo definitivo a los objetivos medioambientales, sabemos gracias a la red de servicios KPMG que la discusión existe y está latente.

En un ciclo de debates con representantes de compañías, organismos y asociaciones empresariales del sector eléctrico allá por mediados de 2016, los pasos a seguir en el futuro fueron puestos en común. Para alcanzar las metas expuestas es necesaria una revisión de los mecanismos de remuneración a la producción de la energía eléctrica, así como la colaboración de los emisores para los costes de descarbonización. No solo eso. El papel del consumidor también tiene que ir aumentando con un mayor protagonismo camino a una gestión propia de la demanda y autoconsumo. Luchar contra la pobreza energética y el fraude será el objetivo principal en este rol más avanzado.

Todo conduce a un mismo punto que parece ineludible. La configuración de un nuevo modelo energético de cara a las exigencias medioambientales se acerca, pero antes se necesita la seguridad de que las fortalezas ya existentes no desaparecerán ni se verán reducidas. No se puede comprometer la competitividad ni la seguridad del suministro, y para que esto ocurra toca revisar el marco regulatorio eléctrico en España. KPMG ha ordenado esta serie de debates en cinco bloques diferentes y ha expuesto las conclusiones de cada uno de ellos.

El primer punto caliente trata el marco eléctrico y la formación de precios. En la charla se identificaron algunas acciones esenciales a llevar a cabo de inmediato. Los mecanismos de remuneración a la producción de energía eléctrica tienen que ser revisados, así como también su impacto en los precios dentro de un contexto de participación creciente de tecnologías de costes fijos. Esta mayor importancia de fuentes particularmente renovables trae además consecuencias por la otra cara de la moneda. El análisis y desarrollo de mecanismos impositivos sobre los emisores de gases efecto invernadero, y la introducción de otros que fomenten las energías renovables en los mercados y servicios de la operación del sistema eléctrico están dentro del necesario camino a tomar, al igual que un impulso para mejorar la liquidez tras estas medidas.

El segundo tema versa sobre el desarrollo de la actividad de comercialización y el nuevo rol del consumidor que tanta importancia tendrá en el futuro próximo. Todo cambio debe buscar potenciar medidas para aumentar el nivel de satisfacción del usuario en materia de información, atención y calidad. La mejora del diseño del Bono Social también fue resaltada por los participantes, ya que de ahí se podrá obtener una relación clara respecto a la pobreza energética. El fraude y el impago tanto de plataformas comercializadoras como del consumidor medio debe tener un nuevo sistema de penalizaciones y, lógicamente, incentivos. Como se había señalado anteriormente, el papel del usuario apunta a tener un mayor peso con la gestión de su propia demanda, sobretodo en cuanto sus agregadores y a la interrumpibilidad. La meta es alcanzar la deseada igualdad entre todos los agentes.

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El tercer debate tocaba el campo de la financiación del sistema económico de cargos y tarifas y la fiscalidad energética. La estructura de costes es otro cuerpo a ser repasado incluyendo las tarifas de los consumidores eléctricos. Por otro lado, la contribución a la financiación de políticas medioambientales debe ser revisada en relación a las medidas de fiscalidad, así como su impacto en los precios y la competitividad energética. Pero está no fue la única conclusión. Existe una metodología de asignación de peajes de acceso y cargos del sistema eléctrico que necesita ser mejorada entre las distintas clases de consumidores según su uso y contribución al sistema.

En cuarto lugar se trató lo referente a las energías renovables, cogeneración, autoconsumo y eficiencia energética. En un primer momento, sería bueno examinar cómo los cargos derivados de la financiación para instrumentos destinados a los objetivos medioambientales son distribuidos en función del sector, ya sea en la electricidad o en otros como el petróleo. Una vez hecho esto, tocaría prestar atención al marco regulatorio español en cuanto al desarrollo del autoconsumo y la generación, además de las tarifas y asignación de costes a los consumidores.

Para que estas nuevas fuentes de energías renovables y cogeneración sean más y más comunes será necesario un empujón procedente del mercado, por ello habrá que identificar mecanismos competitivos que soplen en esa misma dirección, como por ejemplo las subastas. Por último, los participantes en el debate vieron con buenos ojos premiar la buena praxis con un desarrollo de certificados de ahorro de energía además de reconocer la rapidez en la acción en pos de la eficiencia.

Para poner punto y final a esta serie de discusiones, KMPG optó por hablar de la regulación de las redes eléctricas. Hay un margen de mejora en cuanto a la planificación de la estructura y sus periodos de ejecución y revisión que debe ser tratado prioritariamente, así como la relación entre cada agente y sus respectivas administraciones. El modelo retributivo de la actividad de distribución eléctrica también es de una gran importancia debido a la falta de algunos aspectos normativos que deben ser desarrollados. Por ejemplo, la metodología para la determinación de costes unitarios o las funciones del distribuidor ante el nuevo paradigma de actividad siguen siendo temas que merecen y urgen una nueva discusión.

Otro punto a tener en cuenta es cómo se calcula la tasa de retribución en el modelo de distribución y transporte eléctrico, ya que éste debería ser implementado en el segundo periodo regulatorio. Las interconexiones internacionales también suponen un foco con peso específico al estar aún en una fase prematura. El desarrollo y la asignación de los costes derivados a este fuerte impulso deben estar encima de la mesa, como también una nueva regulación que permita el desarrollo de funciones de red local entorno a las figuras del DSO (Operador de Sistemas de Distribución) y su relación con el TSO (Operador de Sistemas de Transporte).

La globalidad de las medidas expuestas en el ciclo de debates promovido por KPMG es de vital importancia de cara al futuro que ya nos acecha. Algunas de ellas incluso son urgentes para que el modelo energético esté preparado para lo que viene. Con cada cambio en nuestra concepción del mundo le llega el turno al proceso de adaptación. Puede parecer y sonar difícil, pero la revisión y, en algunos casos, remodelación de lo ya establecido nunca fue fácil. Como tantas veces a lo largo de la historia, toca reinventarse.

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