Tras una década llevando a cabo este proyecto, financiado por la Unión Europea y su programa Horizonte 2020, el CarbFix2 empieza a arrojar resultados. El programa consiste en convertir los gases contaminantes como el CO2 en minerales que se pueden almacenar en lugar de ser lanzados a la atmósfera.

A pesar de que la tecnología aún necesita seguir desarrollándose para acabar siendo viable,  la evolución hasta el momento ha sido espectacular. Una vez subsanen los mayores obstáculos económicos (extraer una tonelada de CO2 cuesta en torno a 600 dólares) y productivos (las previsiones hablan de unas 900 toneladas anuales), el objetivo de los responsables de esta empresa es facilitar la captura del 1 % de las emisiones a nivel mundial para el año 2025.

El proceso de mineralización trata de emular a la naturaleza, pero rebajando el tiempo de espera unos cuantos miles de años. El dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno del aire son capturados y posteriormente diluidos en agua, para posteriormente ser enviados a casi un kilómetro (700 metros) bajo tierra. En ese punto, y gracias a la reacción que producen las rocas basálticas del lugar, se forma un mineral sólido que permite el almacenamiento permanente de estos gases.

La instalación de esta tecnología en una planta de energía geotérmica de Hellisheidi (Islandia) ha logrado que esta sea la primera central eléctrica de emisiones negativas del mundo. En la actualidad ya está mineralizando el 60 % de los gases lanzados a la atmósfera por la central.

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Con este primera prueba se espera conseguir que la opinión pública, gobiernos y empresas vean la mineralización de los gases y su almacenamiento como una alternativa «segura, viable económicamente y escalable«. Estas son palabras de Climeworks, empresa involucrada en el proyecto.

Ya se están almacenando y analizando los datos arrojados tras la instalación en la planta de Hellisheidi de un módulo de captura de aire o DAC (en sus siglas en inglés: Direct Air Capture), que permite mineralizar el CO2 a escala industrial mediante el proceso anteriormente explicado.

El objetivo de la Unión Europea subvencionando proyectos como este no es otro que llegar a las metas firmadas en el acuerdo de París firmado en el año 2016, donde se establecieron medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global, con una aplicabilidad para el año 2020.

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