Durante los último años estamos viviendo el auténtico despegar del coche eléctrico, con compañías como Tesla siendo la punta de lanza en cuanto a innovación y diseño se refiere, y las grandes instituciones políticas a nivel mundial reconociendo el valor de esta nueva industria; apostando fuerte por ella.

Lo que no es tan conocido por el público en general es que el primero de estos vehículos construido en España fue diseñado y ensamblado en Sevilla en el año 1946. La obra llevaba la firma del doctor en Ingeniería Industrial y catedrático de Hidráulica y Motores Térmicos, Ignacio Domínguez-Adame Palomo.

El primer coche eléctrico español

El sevillano describió cómo en una sola noche dibujó el diseño del coche y por la mañana hizo en proyección geométrica descriptiva los desarrollos del chasis. Tras llevarse a su propia casa las chapas (de 1,25 mm de grosor) y cortarlas a tijera en su sótano, entre los meses de abril a junio lo terminó. Una vez que tenía el caparazón, solo faltaba construir el esqueleto y, finalmente, su corazón.

Con materiales reciclados de tranvías y otros coches (muelles, tornillos, manguetas…) completó todos los elementos necesarios en un coche, como una suspensión de ruedas independientes y muelles espirales: las delanteras telescópicas, y las posteriores con brazos articulados. Para las ruedas usó cuatro neumáticos usados de un Renault

En palabras del ingeniero, recogidas por la edición sevillana del ABC: “También hice los frenos hidráulicos con T de media pulgada, barrenas y émbolos de aluminio, siendo las zapatas de chapas recortadas y soldada. También hice los frenos hidráulicos con T de media pulgada, barrenas y émbolos de aluminio, siendo las zapatas de chapas recortadas y soldadas

Relacionado:  Impulsores de la digitalización en la industria de bienes de equipo: ABB y Rittal siguen ampliando su colaboración global

El motor

Inquieto por naturaleza, el ingeniero Ignacio Domínguez-Adame Palomo ya había tratado años antes de electrificar un Fiat 508 (el famoso Balilla que llegaba a alcanzar los 80 km/h y del que se fabricaron más de 113,000 unidades). Para la construcción de este primer coche eléctrico español usó el motor que diseñó para el Balilla, poniendo dos matrices gemelas, una en cada rueda trasera.

Eran dos motores de 2 caballos, cuatro polos para 60 voltios y 1,500 revoluciones por minuto. Gracias a un controlador también obtenía marcha atrás. En palabras del inventor, estos dos motores combinados giraban más de 2,500 veces por minuto transmitían su potencia a las ruedas gracias a unas correas trapezoidales; dando como resultado un coche eléctrico, completamente silencioso y que alcanzaba velocidades cercanas a los 50 km/h.

80 km de autonomía y 12 años de uso

Cada uno de los motores contaba con una batería usada de 12V y 150 Ah que otorgaba al coche una autonomía de 80 kilómetros, con lo que limitaba el uso dado por la familia a cortos viajes por la capital hispalense.

El coche, que pesaba 800 kilos sin las baterías y casi 1,000 con ellas, logró ser homologado y matriculado en 1946 tras las muchísimas dificultades puestas por los empleados de la Delegación de Industria de la época, siempre según Ignacio Domínguez-Adame Romero. La última condición que le impusieron fue registrara una marca comercial para que usó sus iniciales: DAR.

Finalmente, tras doce años de uso, en 1958 la familia vendió el DAR y se compró un 600.