Durante la campaña presidencial en 2016 que acabó con Donald Trump en la Casa Blanca, la mayoría de analistas coincidieron en señalar que si el empresario neoyorquino salía ganador eso supondría un gran retroceso en la lucha contra el cambio climático. Todos estos temores se vieron confirmados cuando el pasado Junio Trump retiró a EEUU del Acuerdo de París 2015.

La salida fue una puñalada en la espalda de la lucha por un mundo más verde por parte de la nación más poderosa del mundo, que además provocó un distanciamiento para con Europa y una comunidad científica que parece coincidir casi unánimemente en que frenar el calentamiento global debe ser uno de los retos de la humanidad durante esta primera mitad del Siglo XXI.

Ante esto, un grupo formado por 14 estados y Puerto Rico, conocido como la U.S. Climate Alliance, decidió reunirse con científicos de las Naciones Unidas para seguir cumpliendo los compromisos adquiridos en París dentro de sus estados.

Este hecho, que podría haberse entendido como una maniobra política (la mayoría de estos estados están controlados por el Partido Demócrata, contrario al Republicano de Donald Trump), ha acabado marcando una tendencia durante los siguientes meses: hacer de la energía y el clima puntos centrales de las campañas políticas en EEUU.

Políticas como Rebecca Otto, candidata a gobernadora de Minnesota, han hecho de la lucha contra el calentamiento global, la descarbonización y el uso de energías más verdes, su principal caballo de batalla en las elecciones.

Como suele suceder en estos casos, ambos partidos se han situado en extremos opuestos del tablero. Mientras los demócratas, como Rebecca Otto, hacen de estas políticas verdes el centro de sus carteras políticas, los republicanos critican que este tipo de regulaciones y sanciones solo hacen que perjudicar el crecimiento económico y la creación de empleo. Precisamente estos fueron los argumentos de Donald Trump para salirse del acuerdo de Paris: los compromisos de reducir las emisiones de carbón están limpiando, cuando no penando económicamente, el crecimiento de las compañías americanas y, por tanto, se están perdiendo puestos de trabajo.

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EEUU lleva entre un lustro y una década, desde el comienzo de esta crisis – si no antes, obsesionada con el crecimiento económico de China. País que emite el 25 % de los gases invernaderos del mundo a día de hoy, pero que sí se ha comprometido a cumplir el acuerdo de parís y ya ha presentado planes necesitados de fuertes inversiones para reciclar parte de estos gases lanzados a la atmósfera.

Quizás en el mismo estado de Minnesota se encuentre el ejemplo que una a demócratas. En el año 2007 se aprobó un patrón de energías renovables que no solo ayudó a reducir las emisiones de carbono sino que creo cerca de 15,000 trabajos.

Quizás los gobernadores logren a nivel local paliar las políticas nacionales, solo lo sabremos con el tiempo, lo que parece claro es que se va a hablar y mucho de energía y cambio climático durante todas las campañas políticas que tengan lugar en EEUU durante los próximos años.

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