En una tempestuosa madrugada de febrero, el mercado de electricidad de Texas registró un hito. Casi el 50% de la energía que alimentaba su red principal procedía de las turbinas de viento, unos niveles inimaginables hace una década en una región famosa por su estrecho vínculo con los hidrocarburos.

Texas mantiene su relación con los combustibles fósiles, lo que desembocó en la innovadora tecnología de la fracturación hidráulica. Pero una bonanza energética igual de sorprendente ha pasado prácticamente inadvertida: el auge de los renovables.

El estado americano es el líder referente en el país de las barras y las estrellas. Ha sumado más capacidad de generación eólica que cualquier otro estado del país y las turbinas de viento representaron en abril cerca del 16% de su capacidad de generación eléctrica. El estado anticipa además un enorme aumento de la energía solar.

En medio de un polémico debate sobre el cambio climático entre los partidos políticos en Estados Unidos, Texas ha seguido una estrategia que funciona bien dentro de su red, basada en los principios del libre mercado. Los trabajadores públicos de Texas dicen que la energía eólica y solar desempeñará, casi con toda seguridad, un papel significativo y creciente en el abastecimiento, a pesar que los subsidios que ofrece el gobierno federal disminuyan en el futuro.

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Foto: Getty Images

“Estamos en el tercer capítulo de un libro con 50 capítulos”, dice Joel Mickey, director de diseño y desarrollo de mercado del operador de la red eléctrica del estado, el Consejo de Confiabilidad del Servicio Eléctrico de Texas, o Ercot por su sigla en inglés. A ciertos detractores les preocupa que algunas eléctricas dejen de usar plantas de combustibles fósiles de manera prematura, aunque algunas fuentes de energía como el gas natural y el carbón podrían ser más baratas.

Las raíces del auge de la energía renovable en Texas se remontan a 1999, cuando George W. Bush, entonces gobernador y con una legislatura de mayoría republicana, reformó el mercado eléctrico. La liberalización acabó con el dominio de monopolios que controlaban la generación, la transmisión y la distribución e introdujeron subastas competitivas para la electricidad al por mayor.