El amor a primera vista se puede extrapolar a la comida. Por eso los alimentos tienen ahora un nuevo traje de gala: La iluminación LED. Y es que la tecnología LED mejora el aspecto visual de los alimentos, lo que  la convierte en la  perfecta aliada de los supermercados.

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Los supermercados cada vez tienen más claro que para vender no sólo hay que mostrar, sino también iluminar. Para sacarle el máximo partido a los productos, el sector alimentario está apostando por utilizar la tecnología Led, que no sólo implica un mayor ahorro energético sino también  una mejora en la visibilidad y un mayor impacto en el consumidor.

La clave está en el color, ya que según indican estudios de consumo, el color de los productos frescos es la característica a la que el cliente da más importancia a la hora de decidir su compra.   Por este motivo,  es esencial aplicar luces que tengan una temperatura de luz (de color) específica para cada producto. De esta manera se realza el color de los alimentos y se muestra una imagen más natural y fresca que atrae al consumidor.

Lo importante está en el interior

Por el contrario, si  la luz es inadecuada, es decir, si hay exceso de luz,  una iluminación poco uniforme  o  una temperatura de color equivocada, los productos, sobre todo los frescos, pueden parecer decolorados y por lo tanto menos apetecible. En este sentido las luces otorgan una uniformidad y unos brillos no alcanzables por los sistemas de iluminación tradicionales.

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Pero lo que importa realmente no es sólo el aspecto físico, sino el interior. Y es que la iluminación LED, además de tener una larga vida útil y de permitir a los supermercados un ahorro energético de hasta el 50%, ayudan a reducir las emisiones de CO2.  Pero eso no es todo, sino que los LEDs también  favorecen una óptima conservación de los productos, ya que no emiten calor, ni rayos UVA ni infrarrojos.