Hoy, y como no podía ser de otra manera, os traemos un post escrito y publicado en #ElBlogDeSimon. Sencillamente, es genial. ¿Queréis acceder a su web? AQUÍ

Sin duda, una vivienda máximamente sostenible es aquella que disfruta del grado más alto de autosuficiencia posible, es decir, que se halla equipada con lo necesario para mantener su autonomía respecto a fuentes de energía y suministros procedentes del exterior. Claro está que no abundan las casas sostenibles y 100% autosuficientes, pero imponerse la autosuficiencia como meta permitirá alcanzar el mayor grado posible de la misma pese a las limitaciones que presente el terreno y/o la construcción.

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Seguiremos, pues, en este post con la tarea iniciada en el anterior, suponiendo que se parte de cero en la construcción de una vivienda y que se dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo un proyecto de esta índole, dejando para más adelante reformas menores y adaptaciones que se puedan realizar en una vivienda ya construida para que resulte más autónoma y eficiente en términos medioambientales.

Cómo disfrutar de una casa autosuficiente

En primer lugar, para disfrutar de una casa autosuficiente debemos plantear de qué modo se realizará la provisión de suministros y cuáles serán las fuentes de energía utilizadas. En este punto es preciso advertir de la conveniencia de informarse adecuadamente sobre la legislación local, regional y/o nacional vigente en materia de energías renovables y viviendas autónomas, es decir, sobre todos los supuestos aplicables a construcciones no conectadas a las redes públicas de urbanización (suministros, alcantarillado…). En muchas ocasiones, además, resulta altamente aconsejable prever la conexión a la red de suministros aunque sea parcialmente: al alcantarillado, por ejemplo, para evitar la construcción de fosas sépticas, o a la red de suministro de agua o electricidad para no depender de aguas fluviales, de lluvia o pozos, y/o para conectarse puntualmente a ellas en caso de necesidad.

Suministros básicos: agua y gas

  • Agua: el agua potable, a escala planetaria, es un bien escaso y limitado. Según el caso, la construcción de pozos, o el aprovechamiento de fuentes o manantiales puede resultar más perjudicial en términos medioambientales que la conexión a la red de agua potable. Por ello, recomendamos encarecidamente que antes de tomar una decisión en este sentido se cuente con el asesoramiento de profesionales expertos, que nos indicarán los límites y las posibilidades reales de llevar a cabo un proyecto de esta magnitud. En cualquier caso, no obstante, sí es posible y muy recomendable instalar sistemas de reciclaje de aguas residuales, algunos de los cuales tienen un coste realmente bajo (especialmente los confeccionados empleando filtros naturales, como la arena, la grava y ciertos tipos de vegetación).

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  • Gas: si se dispone de una potente fuente de energía eléctrica, el consumo de gas puede no ser lo más indicado para casas autosuficientes. No obstante, el empleo de gas butano para cocinar y calentar agua sanitaria, o el gas ecológico 410A en sistemas y equipos de refrigeración son buenas alternativas en casos en los que se cuente con una fuente de energía eléctrica limitada o fluctuante.
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Energía y electricidad

La fuente o las fuentes de energía que abastecerán de electricidad a la vivienda merecen una atención a parte: la electricidad será el recurso que más emplearemos en una casa autosuficiente. En estos casos, sin duda la energía solar es la más recomendable, aunque también existen alternativas igualmente factibles dependiendo de las características del clima o el entorno de la vivienda (como la eólica, o incluso la hídrica si se cuenta con un curso de agua cercano y lo suficientemente potente como para generar electricidad).

No obstante, como decíamos, en la mayoría de los casos se recurre a la energía solar, por ser (hoy por hoy) la más universal y económica de todas las fuentes de energía renovable. Lo más frecuente y aconsejable, pues, es asesorarse sobre la instalación de paneles solares, los cuales presentan características distintas según el fin que se persigue con ellos. En el caso de viviendas, consideraremos básicamente los siguientes tipos de paneles o mecanismos:

  • Paneles térmicos: existen distintos tipos de paneles según la cantidad de energía y temperatura que se desee generar o colectar: de baja temperatura (indicados para calentar agua para el consumo o con fines sanitarios), de temperatura media (permiten también calentar aire; estos colectores, unidos a un sistema de circulación de aire, son una alternativa interesante a los sistemas de calefacción tradicionales), y los paneles de alta temperatura (empleados principalmente por la industria). Es preciso señalar que los paneles térmicos no permiten acumular energía, por lo que no están indicados para abastecer, por ejemplo, de electricidad a una vivienda.


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  • Paneles fotovoltaicos: se encargan de transformar directamente la energía solar en electricidad. Requieren la instalación de un sistema de acumuladores o baterías (para disponer de electricidad en momentos de poca radiación solar y durante la noche), contar con inversores que transformen la corriente continua en corriente alterna a 220V, y disponer de reguladores de carga, instalados entre los paneles y los acumuladores, para fijar la tensión y evitar daños por sobrecarga.

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Más adelante, como comentábamos al inicio de este artículo, nos ocuparemos con más detalle de la eficiencia en el consumo de los suministros, y de fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles habituales, y altamente contaminantes, para climatizar el hogar o alimentar los medios de transporte.