¿Cuándo se ha visto que una central energética reduzca al  mínimo su actividad durante meses porque un halcón estaba anidando cerca del área de uno de los pozos? Para muchos puede parecer sorprendente e incluso  se pueden llegar a calificar de peliculero. Sin embargo, no es un producto de Hollywood, sino la pura realidad. La central geotérmica de última generación de Cove Fort en Utah adoptó esa medida, así como muchas otras similares, para proteger uno de nuestros más preciados dones de la naturaleza: la fauna y la flora.

Esta central puede parecer igual a muchas otras desde el punto de vista técnico, pero lo que la hace diferente y  la convierte en un proyecto digno de admiración es su política sobre el cuidado del medioambiente. Porque sí, sí se puede generar electricidad sin crear impactos negativos sobre el mundo animal y vegetal.

Ya desde su creación se tomaron medidas enfocadas en reducir al mínimo las emisiones de gas con efecto invernadero. Pero no sólo eso, sino que desde que comenzó su actividad  se han seguido pautas vanguardistas orientadas a la protección  de la naturaleza.

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Por ejemplo,  antes de iniciar la actividad se comprobó que no hubiese especies de  flora en peligro de extinción o lugares de interés arqueológico cerca del perímetro de la central. Para ello se contó con la ayuda de diversos naturalistas y arqueólogos que ayudaron también en la creación de corredores para no inferir en los desplazamientos de animales como ciervos y alces.

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Pero lo más característico de Cove Fort es la estrategia para la protección de las aves locales, sobre todo de águilas y halcones de cola roja. Esto nos remite a ese halcón que anidaba cerca de uno de los pozos. Y es que hasta que sus polluelos no fueron capaces de volar no se reanudó la dinámica habitual de la central. Este no es, sin embargo, un episodio aislado, puesto que se ha decidido crear una franja que separe la zona de caza de las aves rapaces y la zona de actividad de la central. Del mismo modo, se ha decidido coordinar la generación de energía  en función de los ciclos estacionales de las aves.

Una central que produce energía sin perjudicar al medioambiente  no es sólo una nueva  realidad, sino que debe ser un modelo a seguir. Porque  lo que convierte a la central de Cove Fort en única es que se encarga de conservar y alimentar energéticamente al mundo.

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